Iglesia Ntra. Sra. de la Asunción

     La obra, iniciada el 24 de abril de 1794, se asienta sobre un templo anterior, la iglesia de Santamaría, como se nombra en los registros de bautismos de la iglesia en 1626. Esta primera iglesia es de orígenes inciertos, aunque la torre actual, vestigio anterior y que se encontraba junto a la primigenia iglesia que no incorporada como en la actualidad, nos muestra un estilo mozárabe propio del siglo XII.

     Para conocer arquitectónicamente el templo, acudimos a la descripción que en el libro “La Arquitectura de Juan de Villanueva en la Mancha”, ofrece el arquitecto D. Ramón Valentín-Gamazo y de Cárdenas:

     "Dentro de los límites de los muros exteriores que tiene que mantener, diseña Villanueva el interior con tres naves en cinco tramos. El primer tramo, a los pies, lo hace coincidir con la torre existente en la nave de la Epístola, situando allí el coro en alto, y el baptisterio en la del Evangelio. La nave principal comprende tres tramos con pilares lisos y arcos de medio punto, en un paño continuo y limpio, roto solamente por la cornisa superior de la que arranca una bóveda de cañón con lunetos y huecos, con arcos rebajados simulados. Un arco triunfal la separa del crucero, construido con cúpula circular sobre pechinas, capillas laterales en la cabecera de las naves, cubiertas con bóvedas de cañón e iluminadas con ventanales con arcos rebajados, y la capilla mayor, semicircular, con media naranja. El conjunto es muy académico y con paramentos lisos sin decoración.

      En el exterior también se tiene que adaptar al edificio existente, limitando su actuación a la portada y al crucero. Construye una sencilla fachada de ladrillo en el más puro estilo neoclásico y muy característico del arquitecto, en la que se pueden apreciar algunos elementos que recuerdan a la diseñada años antes para el oratorio del Caballero de Gracia: enmarca la portada entre dos pilastras rematadas por un frontón triangular en el que aparecen prolongadas aquéllas y en el que coloca un ventanal con arco rebajado para iluminación del coro. Sobre la puerta un tarjetón liso, posiblemente diseñado para un bajorrelieve, recuerda al de aquella fachada.
     En el crucero remata las capillas con frontones triangulares, que al elevar la cumbrera de las cubiertas hasta la cornisa del cuerpo de la cúpula, aparecen con una fuerte pendiente, lo que da un énfasis muy neoclásico al conjunto"
 

     La historia de la iglesia que hoy conocemos, se inicia el 23 de febrero de 1793, cuando el prior de esta parroquia, el frey Luis Antonio Suárez Carbonero, pone en conocimiento de Jerónimo de Mendinueta el estado ruinoso de la iglesia y solicita su reparación. El aparejador Sostre, el 13 de mayo de este mismo año, emite informe en el que propone reparar la iglesia y ampliarla hasta entestar con la torre inmediata a ella, y presupuesta el coste de las obras en 98.582 reales.
 

     La Junta de Hacienda, en una de las escasas ocasiones en que va a mostrarse generosa, estima preferible construir todo el cuerpo de la iglesia y parte del presbiterio de nueva planta, aprovechando tan sólo las paredes exteriores, que se hallan en buen estado, y el material resultante de la demolición del resto.

     Cuando se pide su informe, Villanueva, esta vez con extraña aunque comprensible coincidencia, se muestra conforme con la opinión de la Junta (Madrid 9 de julio de 1793).

     Se solicita de Sostre la elaboración del oportuno proyecto para su remisión a Villanueva, y éste, a su vista, elabora el suyo; acompaña planos y alzado de la obra y propone su ejecución por partes para facilitar la celebración de los oficios religiosos.

     Los planos y proyectos desafortunadamente han desaparecido del Archivo de Palacio donde deberían encontrarse, aunque contamos con la certeza de la autoría. Sostre, quizá disgustado porque el proyecto de Villanueva le recuerda bastante al suyo y el maestro no se lo ha reconocido, exagera sus dudas ante la junta de Hacienda y finge no comprender cómo las bóvedas proyectadas por el director pueden ser de roca. Al tiempo le rectifica su idea de la construcción por fases y propone trasladar el Santísimo a la ermita de la Vera Cruz, existente en la población.
 

     Villanueva, ante todo ello, informa: Sostre no puede ignorar que para resistirlas es necesario dar más valor y fuerza a las paredes; las Bóbedas demostradas en los diseños sólo tienen un pie escaso de grueso y éste no hubiera sido suficiente en la crecida anchura de la Yglesia. Mi disposición indica bastante perceptiblemente que todas las Bóbedas han de ser de tabicado y si llegó a dudarlo pudo preguntarlo.
 

 

     En relación con la propuesta de Sostre de trasladar el Santísimo a la ermita de la Vera Cruz, comunica que en su momento dictará las disposiciones oportunas (Madrid 20 de septiembre de 1793).
 

 

     Como es una buena solución, Villanueva dispone poco después el traslado, que se efectúa el 20 de septiembre de ese mismo año.
    
     Manuel Godoy, duque de Alcudia, comunica que, por Real Orden de 4 de octubre de ese año de 1793, su majestad Carlos IV, como tutor y curador de su sobrino el gran prior de San Juan, Pedro Carlos de Borbón, ha dispuesto la realización de las obras. Villanueva las visita en varias ocasiones y, casi tres años más tarde, el 29 de agosto de 1796, Sostre escribe al arquitecto desde Herencia anunciándole que las obras están a punto de terminar y, dado que para el mes siguiente se concluirán las bóvedas y demás arreglos para el vértice de los tendidos, para cubrirlos cree necesario que en la capilla mayor y en la de los frontis se utilice la pizarra en los tejados. Villanueva da su conformidad a la pizarra por considerarla más limpia y permanente, aunque recuerda su mayor coste y propone aprovechar la teja mientras se seca y sienta la pizarra.

     Jerónimo de Mendinueta, siempre dentro de su concepción de una administración ahorrativa, no halla razón para colocar la pizarra y estima que permitirlo, además de su mayor coste, puede provocar que en cualquier otra obra se solicite utilizar este material sin que quepa entonces alegar razón alguna para negarse. Por descontado, se utiliza la teja.

     El 19 de septiembre de ese mismo año de 1796, Sostre propone hacer las alcantarillas con salida a la calle y terraplenes para evacuar las aguas; construir un pretil que rodee la iglesia; y, a propuesta del cura ecónomo, Francisco Pascual Espinosa, elevar la torre y arreglar su interior.

     Villanueva se inclina en principio por no autorizar las obras propuestas. Estima que, de hacerse, las humedades perjudicarán a las casas vecinas; que el coste, de 16.000 reales, propuesto por Sostre, no es tan económico como pretende; y que, en vez de reformar interiormente la torre como propugna el ecónomo, lo que se debe hacer es levantar sus tendidos y reformar su linterna o cupulilla a fin de que tome elevación. Para ello solicita de Sostre la remisión de un diseño, siendo impracticable la decoración de la torre como propone el cura (Madrid 29 de noviembre de 1796).

     Sostre cumple el encargo y Villanueva se ratifica en su anterior decisión, disponiendo, como solución, dejar los terraplenes al aire con un vano de dos o tres pies para que reciban las aguas sin perjudicar las paredes de las casas vecinas. En relación con la torre devuelve, enmendado, el diseño de Sostre por su mal aspecto y desproporción, mientras que el por él demostrado hace más fácil y permanente la construcción (Aranjuez 30 de enero de 1797)

     La obra concluye el 30 de abril de 1797. Se ha llevado a cabo, como casi todas las dirigidas por Villanueva en el priorato, por el sistema de administración. Su coste de 208.000 reales se refleja en doscientas cinco listas semanales firmadas por Sostre como aparejador, por José L. Quirós como sobrestante y visadas por Villanueva en su condición de director.

     Concluidas las obras de fábrica se inician las correspondientes al altar, tabernáculo, adornos y demás útiles necesarios. Para proyectar las mesas del altar y el tabernáculo, Villanueva solicita de Sostre un diseño del cuadro o efigie que se ha de colocar en el altar central con expresión de sus dimensiones, así como la de los marcos de los altares laterales y, respondiendo a las insinuaciones de Mendinueta sobre la posibilidad de ahorrar gastos, le manifiesta que, salvo los siete asientos que propone para el coro, los dos confesionarios, cajonería, percheros y puertas cancelas que pueden hacerse en Camuñas, el resto debe efectuarse en Madrid (Madrid 26 de febrero de 1799). Su ejecución se retrasa hasta el año 1801, en el que Villanueva remite los diseños del retablo mayor, mesas y tabernáculo. Al enviarlos manifiesta que ya los tenía hace tiempo formados y se disculpa por la demora en remitirlos por causa de mi ausencia y natural olvido. Presupuesta su coste en 15.000 reales si se utiliza madera y se realiza en Madrid; en unos 30.000 si se utiliza la escayola, sin que esto último suponga demasiada ventaja por el maltrato que recibe de la servidumbre. Con esta afirmación Villanueva rectifica su primitiva idea de no utilizar la madera por temor a los incendios, coincidente con la orientación general seguida en el reinado de Carlos III. El tiempo le ha ido demostrando que, además de encarecer la obra, la escayola tampoco es demasiado duradera por el trato al que se la somete.

     Villanueva, en la misma carta, muestra su preocupación por la forma de los altares colaterales, advirtiendo: Si se ha decidido colocar en ellos la imagen de Nuestra Señora del Rosario y Jesucristo Crucificado, que tiene poco más de seis pies de largo, me parece que no puede haber inconveniente en abrir unos nichos proporcionadas de poco más de un pie de fondo en los terrenos de la iglesia, los que podrán decorarse con un sencillo adorno y mesas uniformes a la del Altar Mayor. Recomienda la utilización de la madera y la apertura de nichos también para el resto de las capillas, pues como ya tengo dicho, la colocación de efigies sobre repisas es muy indecente en las Iglesia (Madrid 27 de marzo de 1801).

     Quizá no sea aventurado pensar, sobre todo por sus dimensiones, que la imagen de Cristo crucificado de la Biblioteca Nacional sea uno de los bocetos para el altar lateral de Camuñas.

     En abril del año siguiente, Villanueva escribe a Mendinueta y le envía los diseños de los altares laterales y deja a su decisión el material a utilizar (Madrid 24 de abril de 1802).

     Se eligen los maestros que llevarán a cabo la obra. El tallista es Manuel Monjas, encargado de la ejecución de las mesas del altar mayor y del tabernáculo. Andrés Peral es el maestro pintor y dorador.

     El pintor del lienzo, que representa a Nuestra Señora de la Asunción, es Antonio Martínez al que cabe calificar como pintor del priorato de San Juan. Se conserva, recientemente restaurado, en el altar mayor, pudiéndose comprobar la mejor técnica de Martínez en el detalle y la falta de cierto vigor en el conjunto de la obra.

     La ejecución resulta lenta. Tres años más tarde Villanueva anuncia que el cuadro, ornato, mesas y tabernáculo están preparados para ser enviados'°. Así se hace, pero han de transcurrir otros tres años hasta que quede concluida la total provisión de la iglesia.

     El por entonces aparejador, Francisco Pérez, remite a Villanueva un proyecto de pila bautismal. El arquitecto lo rechaza enviando otro elaborado por él, seguramente uno de los últimos para el priorato. Su carta muestra, una vez más, su carácter y autoridad: “Francisco Pérez no quiere persuadirse que sus conocimientos no son para el intento, y añade: Debe procurar que el cantero que lo ponga en ejecución sea competente y las piedras de las canteras de Consuegra, mejor que las del Minguillo". (Madrid 13 de enero 1808).

     Todos estos datos históricos, recogidos en el libro “La Arquitectura de Juan de Villanueva en la Mancha”, de Santiago Rubio Liniers, se complementan con los que hemos encontrado en el Archivo Eclesiástico. Así encontramos una serie de apuntes, que el prior de la parroquial, frei Luis Antonio Suárez Carbonero realiza en la última hoja del libro de bautismos de la época:
 

     El día doce de febrero del año de mil setecientos
cuarenta y siete que fue domingo de Carnutolendas se celebro la colocación de Ntra Sra del Carmen en el Altar de piedra y retablo que se le hizo a devoción de los vecinos de esta villa, predicó el Reverendo Be fr. Antonio Domínguez de la orden del Carmen de la antigua observancia, natural de la villa de Herencia, y la misa cantada la celebro yo el Prior
de esta villa Fr Don Francisco Ante.. Calero y Velasco hijo de Sta María del Monte y Natural de la Villa de Manzanares Campo de Calatrava.


     El día de San Marcos Evangelista de dicho año se
puso la campana que cae al sol saliente la que
hizo S.M.R. el Sermo Sr Infante D. Felipe
Gran Prior de San Juan, siendo su peso nueve
cientas y ocho libras.

     El día veinte y dos de octubre de dicho año se coloco el
Santísimo Cristo del Humilladero en su Capilla la que se
doro su retablo y se pinto toda ella a expensas de
caudal que dejo el ? Don Bernardo Diaz Gallego
Presuo Nrno que fue de esta villa, predicando el ?
? fr. Eusebio Gallego del orden de Santo Do
mingo y natural de esta villa.


     El día primero de febrero del año mil setecien
tos cincuenta y ocho se puso el reloj en la torre de
la Iglesia a expensas de los quintos del término
que les correspondiera?

     Se pinto y limpio el oro del retablo mayor de esta parroquial
he hizo el de Nª Sra del Rosario año 1762.

     Para el día del Señor del año 1762 se puso en
esta Parroquial el retablo de Nª Sra. de el
Rosario. Su costo fue de limosnas.


     Como conclusión, decir que ya podemos todos los camuñeros enorgullecernos de tener una iglesia parroquial realizada por el arquitecto que hizo el Museo del Prado, que tiene historia, y que ha visto pasar por allí a todos nuestros antepasados.


Bibliografía:

• “La Arquitectura de Juan de Villanueva en la Mancha” .- Santiago Rubio Liniers.
• Archivo Iglesia de Camuñas.


 


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